23 noviembre 2008

D. José María Sánchez Diana

Ha sido una semana muy larga, en la que acompañé a un grupito de alumnos de 2º de Bachillerato a Córdoba y Madrid. El viaje, normal ... hay que ver lo que han mejorado estos viajes desde que existen los gadgets tecnológicos ... hoy en día los niños ya no molestan durante los viajes, pues se dedican a fotografiarse, mandarse mensajes o jugar con los teléfonos, cámaras, consolas o chismes "todo en uno" que tienen. Otra cosa es lo de las noches en los hoteles ... ¿tu que harías si con 17 o 18 años te dejan libertad absoluta para salir por la zona de pubs de Madrid? ¡pues justo lo que estaba prohibido, beber y liarla en las habitaciones! ¡que siempre tenga que haber un gilipollas que la caga! Cuando lo mejor -y más divertido- era salir, dar una vuelta, tomar algo ... y por la mañana, cansados, pero bien, nos vamos a ver cosas que nunca vemos; ¡pues no! nos metemos en una habitación de un hotel hasta coger una moña espectacular de forma que por la mañana no estamos en condiciones de ir a ningún sitio. ¡Nada, una actitud inteligente! ¡Teniendo además los bares del centro de Madrid a tu disposición! ¡Nada, hacemos lo que podemos hacer todos los viernes en nuestro pueblo!
Vimos, en resumen, por el camino la Mezquita y los Reales Alcazares de Córdoba, y ya en Madrid el Prado, el Thyssen y el Congreso de los Diputados. A esta última visita es a la que quería referirme. ¡Güau, no me lo podía creer! En serio, me gustó mucho estar ahí: el Salón de los Pasos Perdidos, los pasillos y el Hemiciclo. Me acordé mucho de D. José María Sánchez Diana -"er Sanchazo!" como lo llamaba Aróstegui, ¡je, que tiempos!- fué mi profesor de Historia en el Padre Suarez ... curiosamente ahora que lo pienso, a mi no me dió ningún otro profesor de Historia. "Historia del Arte" o "Geografía" si, pero de Historia en 1º y 3º de BUP y en COU, tuve la suerte de ser su alumno. Para los que no lo conocierais, era todo un tipo, bajito, recio, con el cogote recto; lo recuerdo siempre con un jersey de cuello alto y una chaqueta de pana, castellano, muy castellano, peleando siempre con su cigarro de picadura que se obstinaba en apagarse entre una batalla de Napoleón y la siguiente, y que el encendía una y otra vez con una caja grande de cerillas, de las de cocina, que tiraba, ya apagadas, al rincón de los mapas -no se como nunca salimos de allí ardiendo-. El cigarro lo sostenía entre el dedo pulgar y el corazón, porque el índice lo perdió en una trinchera rusa cuando participó en la División Azul, porque era Falangista, muy Falangista, pero nada Franquista -nunca le oí criticar a los Comunistas con tanta saña como hablaba de Franco, y eso que no dejaba pasar la ocasión de machacar a los Comunistas-, era de esos Falangistas anteriores a que Franco se aprovechara de ese partido para justificar su autoritarismo y su falta de escrúpulos, y que nunca le perdonó la traición. Creo que es el profesor que más me enseñó de política, y no sólo en las lecciones, y uno de los profesores a los que admiro y aspiro a parecerme.
En la transición tuvo serios problemas con la gente de los corpúsculos comunistas, maoistas y demás -la LCR, Liga Comunista Revolucionaria, era la más presente entonces- aunque a mi me pareció siempre un tipo con convicciones y tolerante, ¡... aunque Falangista! Por cierto, su hijo, que era amigo y compañero, era de esos Comunistas que tan poco le gustaban. Le vi en más de una ocasión debatir con cualquiera que le planteaba cuestiones políticas desde posturas serias y nunca menospreciar las ideas de otro, aunque fuera alumno. Eso si, reaccionaba con ese carácter castellano fuerte cuando era el insulto lo que se le oponía. Nos habló de política, nos enseñó política a través de sus clases de Historia, y nunca nos engañó ni nos manipuló con los datos, los hechos, y el significado de los hechos históricos. No pude menos que recordarlo pues admiraba a los grandes oradores que hicieron sus discursos entre aquellas paredes, de lo mucho que se discutió en todo el siglo XIX en él.
Aparte de eso, ¡es verdad, es más pequeño que en la tele! pero a mi, por lo menos, me impresionó. Me gustó por lo que es, por lo que representa, por lo que ha pasado ahí y nos ha pasado a todos ... viendo el Hemiciclo vacío me reafirmé en el convencimiento de que es importante la democracia, aunque los políticos no sepan estar a la altura de ella. Y recordé que uno de los que me enseñó eso, sostenía una ideología totalmente contraria a la democracia, aunque creo que no estaba del todo incómodo con ella cuando la Transición avanzó (yo abandoné el Instituto en el verano de 1983, con Felipe González en el poder) y se normalizó la política en España. También recordaremos los que asistimos a sus clases sus inconmensurables anécdotas ... Godoy, Napoleón, eran algunos de sus favoritos. Las anecdotas las tenía siempre a punto para volver a atraparnos en la clase, ¡no era listo!
Bueno, sólo era eso, algo de nostalgia por una de esas grandes personas que uno ha conocido y uno de esos profesores que justifican dedicarse a esto, para devolver lo que gente como él me dio. Se jubiló a los pocos años y ya murió, pero nunca en nuestras cabecitas.

Desde el edificio de las Cortes, un segundo de homenaje,
In Memoriam, D. José María Sánchez Diana

4 comentarios:

javier ruiz dijo...

Supongo que hay algo previo a la ideología y a las ideas, una especie de respeto y de acatamiento a las reglas del diálogo, (¿era Platón el que definió las normas del diálogo?), que es más importante que las propias ideas. Yo recuerdo a otro gran profesor de historia, D. Manuel Peña que el primer día entró en la clase chillando y diciendo que olíamos mal. Y era un mienbro de grupos católicos tolerante y comprensivo. Y el libro de historia de COU de A. Fernández es una joya.

Anónimo dijo...

Bueno, buscando información sobre quién es el profesor susodicho (interés proveniente del hecho de que en Granada hay una asociación con su nombre), he llegado aquí. Y me alegro. Sólo quiero comentar que tu profesor no es contrario a la democracia, sino a la partitocracia. Tu profesor, como falangista de verdad, sabía qué era la revolución nacional y popular que la falange quería conseguir. El resultado hubiera sido un estado democrático, pero sin partidos políticos, pero también sin dictadores. Esa es la falange. Siento no poder entrar en detalles sobre el asunto, pero aquí no hay espacio. Siempre puedes entrar en la web de la falange www.falange.es y en www.patriasindicalista.es

Angelus

Anónimo dijo...

Todo el mundo que habla de Jose Maria Sanchez Diana siempre le recuerda con cariño,yo tengo su libro de memorias que escribio sobre su estancia en la Division Azul.Buscando por internet referencias sobre el,casi no sale nada,ni una foto,pero en nuestros corazones estara.

Anónimo dijo...

¿porque le llamaba "er sanchazo"?