04 octubre 2008

El eterno retorno de lo idéntico ...

Esta vez no se han tirado desde las ventanas de los despachos de Wall Street -parece que la otra vez tampoco, es otra leyenda urbana- pero los hechos se han repetido ajustándose de una forma casi milimétrica al guión de lo que ocurrió en el "crack del 29". Una nueva crisis provocada por el exceso de confianza, la avaricia y la presunción de los que se creen mejores y más listos que los demás.
Antes de continuar voy a confesar uno de mis vicios secretos ... me leo las páginas rosas de los periódicos. Normalmente uno no entiende gran cosa de lo que dicen, pero en ellos se encuentran las profecías de los nuevos Oráculos de la religión atea del dinero, ¡hay que leerlos! Los leía con asombro cuando todos los que informaban u opinaban en ellas marchaban, prietas las filas, al son del "Imno en Honor del Consenso de Washington", interpretado por la Orquesta Filarmónica del Banco Mundial y dirigida por la prestigiosa batuta del gran director Alan Greenspan; y ahora, con mayor asombro, cuando todos los que informan u opinan en ellas se apuntan a mi definición de la Economía, "la ciencia de predecir el pasado" ... ahora todo son "ya se veía venir", "esto no podía durar más", etcétera.
Una de las cosas que sorprenden es que en el fondo, todo esto ha resultado ser un timo, como los de los trileros y pícaros tan queridos de nuestra historia y literatura. Como esos "listos" que embaucan a la viejecita con el timo del tocomocho, o al "cuñao" que va de listo y cree que va a comprar duros a tres pesetas con el timo de la estampita, los grandes bancos "de inversiones", los gestores de fondos, y las agencias de calificación (ese si que es un trabajo chulo, decir quien es solvente y quien no, ¡ja!) se han dedicado a engañar a los que estaban dispuestos a comprar "productos" de riesgo con las ganancias aseguradas !!!! ¡Lo dicho, como lo del cuñao, pero con el membrete de un Banco con 150 años de historia! Bueno, al final siempre pasa lo que tenía que pasar, que la fiesta la tenemos que pagar entre todos.
Pero el problema es también de teoría política. Llevamos años soportando el mantra mil veces repetido pero no por ello más cierto de la absoluta bondad del mercado, santo grial, única fuente de la vida eterna, la piedra filosofal que el plomo torna en oro, origen y causa de la máquina del movimiento continuo, etcétera. En la segunda mitad del siglo pasado, una serie de "pensadores" han ido haciendo cachitos una espléndida teoría como es el Liberalismo, hasta dejarla irreconocible, hecha una triste imagen de sí misma. Un sólo detalle, allá por los años 30 (y en España hasta los 90) la Iglesia Católica y sobre todo sus jerarquías -que tanto miedo le tienen a que la gente haga lo que quiera- la tenían como uno de sus más acérrimos enemigos: libertad de expresión, libertad de conciencia, exaltación de la racionalidad científica, promover la ética laica y autónoma y la responsabilidad personal ... ¡lo peor! y sin embargo ahora no se los cae de la boca ¿por que será?
Para responderlo hay que leer sobre los gurús del neoliberalismo: el clásico "El fin de la historia" de Francis Fukuyama, o el más terrorífico Robert Nozick, que escribió "Anarquía, Estado y Utopía" -en contra de la "Teoría de la Justicia" de Ralws-, en el que mezclándolo todo, nos propone la teoría del "estado mínimo" que tan cara es a Rodrigo Rato y los chicos de la patronal. Desoyendo todos los datos reales e históricos que demuestran que el Capitalismo Moderno se levanta durante gran parte del S XIX y XX sobre las restricciones arancelarias, mercados cautivos, monopolios de hecho y de derecho. La "apariencia" de que el mercado se autorregula es tan falsa como que los cuernos de rinoceronte curan la impotencia, así que una nos está costando la extinción de una especie, y la otra nos está costando soportar el sistema socio-económico más injusto y destructivo de la Historia de la Economía Mundial.
Pero Fukuyama, Nozick y otros han convertido esto en teoría política para la nueva derecha, con lo que tenemos distintas consecuencias: no se puede discutir de economía como antes no se podía discutir de política sin que te acusen de ser tal o cual (se acabó el debate racional sobre este asunto); los obispos, siempre tan comprensivos con las cuitas de los poderosos, ahora usan toda la palabrería y el artificio teórico del neoliberalismo sin ningún rubor; y yo me veo defendiendo a Ralws, que a Domingo Blanco le daría un patatús ... todo esto sin saber cuanto nos va costar recoger y limpiar el botellón que han dejado los de Goldman Sach  y sus amigos (y que no nos invitaron).

¡Otro día hablaremos de la Ciudadanía de las narices!

1 comentario:

javier ruiz dijo...

Resultó que no era tan malo el sector público. Y que el sector privado podía ser muy malo. Y que se nos engaña continuamente. Como decía Chomsky aquello de crear el consentimiento...
¿Domingo Blanco no era una leyenda urbana?
Buen post!